EL OLOR DE LAS ESPECIAS, de Alfonso Mateo-Sagasta. Puntuación: 4/5
De nuevo agradezco a Babelio y a la editorial Tezontle el envío de la novela El olor de las especias. Su autor, desconocido para mí hasta ahora, es el madrileño Alfonso Mateo-Sagasta, especialista en novela histórica y novela policíaca histórica, que ha obtenido distintos premios en su carrera literaria: Premio Espartaco de Novela Histórica, Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza y Premio Caja Granada de Novela Histórica.
Se trata, por tanto, de una
novela de ficción histórica que se desarrolla en un período de nuestra historia
sobre el que no he leído demasiado, la Edad Media, concretamente en el siglo X
durante el reinado de Al-Hakam, hijo de Abderramán III, del califato Omeya.
Su argumento comienza con la
presentación de Asur, un joven de la comarca de Castro que pretende recuperar
por orden de su padre, Rodrigo Asúriz, un rebaño de ovejas que les ha sido
robado en una incursión de leoneses bajo el mando del conde Gonzalo. Le
acompañan Munnio Alvariz, su futuro cuñado, Mudarra y Gundisalvo.
Juntos llegan al castillo de
Alva donde se encuentra el conde y lo terminan ahorcando. Por esta razón, el
rey envía a los condes Alvar de Mena y Addefonso García para impartir justicia
y los cuatro amigos no tienen más opción que huir a Burgos en busca de la
protección del conde Fernán González.
Este es el punto de partida
con el que el autor nos introduce en las intrigas y luchas por el poder de los
reyes cristianos, Sancho y Orduño el Jorobado, primos entre sí, que llevarán a
nuestros protagonistas hasta Córdoba.
Lo primero que llama la
atención del autor es su gran dominio de la historia y del lenguaje de la
época, tanto romance como musulmán. Términos como alfoz, mobatana, algara, arriza, aljuba, -caravasar, mocárabes o
ataifor eran nuevos para mí y soy de las que mientras leo voy buscando en
el diccionario las palabras desconocidas. Por otro lado, va intercalando a lo
largo de las páginas en cursiva numerosos vocablos musulmanes como fatá, saqaliba, gusl, sayyida, hachib,
hadit, habiz, maylis, kuttab y otros muchos, que o bien se entienden por el
contexto o el autor los describe entre comas.
Por tanto, estamos ante una
novela erudita, con la que he aprendido mucho de esta parte de la historia,
puesto que junto a los personajes de ficción aparecen muchos personajes reales:
don García, el rey de Navarra y tío del rey Sancho; doña Elvira, hermana de
Sancho; doña Toda, la abuela de Sancho y Elvira; doña Urraca, hija de Fernán
González y esposa del rey Orduño. Todos ellos forman el tablero de intrigas
políticas de los reinos cristianos entre sí y frente al Príncipe de los Creyentes
que gobierna con mano férrea el reino de Al-Andalus y reside en el palacio de
Medinat-al-Zahra.
La ambientación también es
exquisita de manera que el lector disfruta de la magnificencia de los palacios
como La Ruzafa o la Almunia de la Torre, del olor de los alimentos y las
especias, pero también del mal olor de los cristianos, e imagina sus ropas y
sus afeites.
Una novela, por tanto, muy
trabajada, quizás excesivamente en cuanto al detalle de tribus y clanes que
habitaban Al Andalus, con un final muy original como remate a la intriga que subyace
desde las primeras páginas.
La he disfrutado mucho por
la suerte que he tenido de que este libro caiga en mis manos.
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