TIERRA DE SUEÑOS, de Félix G. Modroño. Puntuación: 3/5
Félix G. Modroño es un escritor nacido en Portugalete, que reside entre San Luis Potosí (México) y Sevilla, autor de novelas históricas con elementos de suspense, cuya lectura os recomiendo: la serie sobre Fernando Zúñiga, un detective del siglo XVII (Muerte dulce, la Sangre de los Crucificados y Sombras de Agua); Secretos de Arenal (ambientada en Sevilla y que fue Premio Ateneo); La fuente de los siete valles (en Logroño); y la trilogía sobre Bilbao (La ciudad de los ojos grises, La ciudad del alma dormida y La ciudad de la piel de plata).
Acaba de publicar una nueva
novela de ficción histórica muy diferente de las anteriores, pues transcurre en
México y, en palabras del propio autor, se trata de un homenaje al mestizaje de
razas y lenguas entre ese país y España.
La historia arranca con un
hecho real ocurrido en 1937, la llegada a México de unos quinientos niños, hijos
de republicanos, acogidos por el gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas, para
protegerlos de la guerra civil española.
Pero es una novela tan
exhaustivamente documentada –al final recoge un listado enorme de los personajes
históricos que desfilan por sus páginas- y escrita en un español propio del
país, plagado de términos y expresiones desconocidas para mí, que ha terminado resultándome
un poco lenta y densa, a pesar de que las dos historias de amor sobre las que
se basa y el final del libro me han gustado mucho.
La novela se estructura en
dos tiempos, perfectamente identificables por sus protagonistas y por la
numeración de los capítulos –se alternan los números cardinales con los
romanos-.
La primera parte nos
presenta a Ana Cossío, una chica de trece años que llega a Veracruz a bordo del
Mexique desde su Santander natal, donde deja a Mateo Llamazares, su primer
amor, un soldado cuatro años mayor que ella. Junto al resto de niños republicanos
será trasladada a un internado de Morelia, la más castellana de las ciudades
mexicanas, donde la mayoría de ellos caerán en el olvido y nunca regresarán a
España.
Dos años después, en 1939,
Mateo, ya convertido en el capitán más joven del ejército republicano, es enviado
a México en El Vita, un yate cargado
de joyas y objetos preciosos requisados por el gobierno de la República para
financiar la causa de los exiliados españoles, con el objetivo de encontrar a
Ana.
La segunda parte, situada en
2005, tiene como protagonistas a David Quijano, un arqueólogo de cuarenta años,
que trabaja en el departamento de conservación del Museo Arqueológico Nacional;
y a María Garza, una mexicana que dirige una galería de arte en su país, pero
que extraoficialmente es recuperadora de arte con el fin de reparar las injusticias
históricas de los expolios sufridos por México.
Cuando David cae
rendidamente enamorado de la joven y le enseña unos valiosos pendientes
precolombinos que está restaurando en el museo, no tendrá más opción que viajar
a México en busca de la mujer que le ha robado algo más que el corazón.
María mostrará a David los misterios
ancestrales de su tierra y juntos descubrirán un códice maya de setecientos
años de antigüedad, al mismo tiempo que se afianzará su historia de amor.
Lo mejor de la novela es el final, que entrelaza ambas historias con un bonito desenlace, así como la cantidad de curiosidades que se recogen en sus páginas, como que el tequila es una bebida que debe su nombre al lugar donde nació y solo puede elaborarse en 181 municipios con permiso para cultivar el agave azul, la planta de donde se extrae la bebida.
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