LOS ÁNGELES DE LA TORRE, de Mayte Uceda. Puntuación: 3/5

He leído varias novelas de la escritora asturiana Mayte Ucea: El guardián de la marea, El maestro de azúcar y Los amores paralelos.

Ahora me he encontrado con su primer libro, Los ángeles de la torre, que autopublicó en Amazon en 2012. Se trata de una novela perteneciente al género fantástico, aunque con grandes dosis de romanticismo.

Y esa ha sido mi primera sorpresa, porque ella suele escribir novela de ficción histórica y precisamente no me agrada la novela fantástica. Pero la historia que se narra en Los ángeles de la torre termina atrapando al lector a pesar de que sus personajes resultan ser criaturas sobrenaturales.

Está basada en una leyenda de la literatura hebrea según la cual Lilith fue la primera mujer antes de Eva, que se rebeló contra Dios y abandonó el paraíso para entregarse a la lujuria con ángeles caídos. Lilith engendró muchos hijos, llamados Lilim. Tres ángeles puros fueron enviados para hacerla regresar, pero ella se negó y el cielo la castigó con la muerte de cien de sus hijos. En respuesta, Lilith proclamó que se vengaría derramando la sangre de los hijos de Adán, aunque respetaría a los que poseyeran el nombre de los tres ángeles que habían ido en su busca: Senoy, Sansenoy y Semangelof.

Y esta es la naturaleza fantástica de los personajes de esta novela, dividida en tres partes, que arranca cuando conocemos a Eva (un ser híbrido mitad humano y mitad Lilim, es decir, un Mortlim) en el pueblo marinero de Loriana, a orillas del mar Cantábrico. Ella porta al cuello un camafeo con tres ángeles, recuerdo de su padre al que nunca conoció.

Su madre, Clara Martín, es contratada como ama de llaves en la mansión de La Torre, porque van a regresar a ella desde Oslo sus dueños, Jon y Daniel Eriksson, criaturas fantásticas descendientes de Lilith.

En las dos últimas partes del libro se irá desarrollando tanto la relación amorosa de Eva con uno de los Eriksson, como los preparativos para la batalla entre distintos clanes de Lilim, por lo que Eva y su madre tendrán que trasladarse a la isla de Mork, en el polo Ártico.

En fin, una novela que pertenece a un género que no frecuento, pero que me ha entretenido y que recuerda en cierta forma a las novelas de vampiros, porque lo de chupar sangre es recurrente a lo largo de sus páginas.

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