LAS ARREPENTIDAS, de María Pau Domínguez. Puntuación: 4/5

Muchos años hace que no leía una novela de la escritora y periodista María Pau Domínguez, tantos que no me acuerdo ni del título, pero sí de que me gustó mucho. Así que ahora he cogido su última obra, Las arrepentidas, una novela de ficción histórica que mezcla distintos géneros, porque recoge una historia de amor, pero también de corrupción urbanística, de periodismo de investigación y, sobre todo, de instituciones para mujeres descarriadas y tráfico de bebés robados.

La novela, dividida en cuatro partes, transcurre entre los últimos años del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Concretamente se inicia en Madrid en 1896, donde conocemos a Carlota Visedo, una joven de 21 años, marquesa de Peñaflorida, atrapada en un matrimonio de conveniencia y sin amor, muy al estilo de la época.

Carlota es recogida por su hermana Rebeca tras haber estado ingresada por su marido Julián durante siete meses en la llamada Casa del Pecado Mortal, un convento de arrepentidas, situado en la calle del Rosal a cargo de la Real Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza y Santo Zelo de la Salvación de las Almas, fundado en 1773 por el rey Felipe V “con el propósito de acoger y asistir sigilosamente a mujeres embarazadas de ilegítimo concepto”.

Con este nombre ya podéis imaginaros de qué tipo de institución se trata. Y en ella es internada Carlota por mantener una relación extramatrimonial con Rodolfo Valderroca, consecuencia de la cual queda encinta. Allí pasará todo su embarazo, bajo el nombre de Margarita, incomunicada, oculta bajo un velo y con el único fin de que se arrepienta para borrar la huella de su pecado y salvaguardar el honor de su marido.

Pero Carlota no se doblega, ni aun cuando le arrebatan a su hijo de los brazos y por esta razón el regreso a su hogar se convierte en un auténtico infierno y le depara un nuevo destierro, esta vez a Sevilla. Sin embargo, en el camino consigue escapar y establecerse oculta durante años en Cangas de Onís bajo el nombre de Mercedes de la Riva.

Cuando recibe la noticia de que su marido ha fallecido, Carlota decide que es hora de volver a casa, encontrándose con un Madrid en pleno proceso de transformación con la construcción de la Gran Vía.

Es en este momento cuando el ritmo de la novela se acelera y sube de intensidad, pues la autora introduce una trama de corrupción urbanística, investigada por un joven periodista del Heraldo de Madrid, Luis Crespo, así como la búsqueda incansable por Carlota del hijo que le arrebataron al nacer, junto a Rodolfo, el hombre con el que ha conseguido reencontrarse.

He leído en alguna entrevista hecha a la autora que este tipo de organizaciones sobre el que se basa la novela, era tan clandestino que no existe archivo ni registro de lo que dentro de sus paredes sucedía, más allá del lucrativo negocio que suponía el sistema de adopciones ilegales gracias a los bebés arrebatados a sus madres en el parto. Concretamente, y aunque parezca mentira, la de la calle del Rosal fue una de las últimas en desaparecer y no lo hizo hasta el año 1926.

Y termino con una frase del libro que me ha encantado sobre las segundas oportunidades: “tu segunda vida empieza cuando te das cuenta de que solo tienes una”.

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