LA DAMA DE LA CARTUJA, de Inma Aguilera. Puntación: 4/5

Inma Aguilera es una joven escritora malagueña que ha dedicado sus dos últimas novelas a Sevilla, mi ciudad. La primera, La dama de la Cartuja, dedicada a la famosa fábrica de loza de La Cartuja, fundada en el Monasterio de Santa María de las Cuevas, en 1841, por el comerciante británico Charles Pickman Jones; y la segunda, La pintora de la luz, a la exposición iberoamericana de 1929 y a la construcción de la Plaza de España. Ambas son continuación una de la otra y comparten los mismos personajes.

Han sido mis primeras lecturas de esta autora que recibió en 2016 el XXI Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla y en 2020 una mención especial en el VIII Premio Internacional Harlequin Ibérica.

Voy a empezar con la reseña de La dama de la Cartuja con la que inicié las fiestas navideñas. Se trata de una novela de ficción histórica dedicada a tres generaciones de mujeres –Felisa (1850), Macarena (1871) y Trinidad (1902)- ligadas a la fábrica de La Cartuja. Por lo tanto, la historia no tiene una estructura lineal, sino que va dando santos temporales en función de quién sea la protagonista de cada capítulo.

La novela, formada por un epílogo y 21 capítulos, divididos en dos partes, comienza con la llegada de Trinidad Laredo a Sevilla, desde Cheshire, buscando respuestas a su pasado, ya que es hija de un matrimonio sevillano que emigró a Inglaterra y nunca reveló a sus hijos la razón de su huída. En su maleta porta un antiguo plato de loza pintado a mano en la fábrica de La Cartuja que puede ser la clave de su historia familiar.

Por otra parte, encontramos a Macarena que, despedida del hogar de los marqueses de Corbones donde trabaja como criada, regresa al taller de cerámica Montalván, en Triana, donde viven sus tías Justa y Sagrario.

Un día, Juan Luis Castro, el supervisor artístico de La Cartuja llega al taller Montalván y, al descubrir el talento artístico de Macarena, le ofrece una plaza en la Escuela de Artes y Oficios que regentan Max Roberts y Brígida Urquijo y donde también estudia Esteban, el sobrino de Brígida. A ambos estudiante les tocará participar en el concurso organizado por don Carlos Pickman para el diseño de una exclusiva vajilla que quiere regalar al rey Amadeo I de Saboya,

Y, por último, conoceremos a Felisa, la madre de Macarena, que trabajaba en el taller de Saturnino García Montalván hasta que fue fichada por el contable de La Cartuja, Aguirre y Collado, de quien se enamora perdidamente.

Hasta aquí los personajes de esta novela, muy bien documentada, en la que el lector puede pasear sin perderse por las calles y monumentos de Sevilla de la segunda mitad del siglo XIX y en la que la autora refleja bien el retrato social de las clases sociales de la época: la aristocracia, por un lado, y los trabajadores del mundo de la alfarería, la cerámica, la loza y la porcelana, por otro. Y en la que no podían faltar tampoco, por supuesto, amores imposibles, desengaños, traiciones y secretos.

Por último, no puedo dejar de daros un consejo si estáis leyendo esta reseña. Casa Montalván es hoy día un maravilloso restaurante sevillano ubicado en el número 21 de la calle Alfarería, ocupando el edificio de la antigua fábrica de cerámica, en el que aún se pueden visitar sus antiguos hornos y sus paredes ornamentadas de azulejos. He ido muchas veces y la visita y el menú lo merecen.

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