DÍAS GRISES CON CIELO AZUL, de Concepción Revuelta. Puntuación: 4/5
Tan encantada quedé con la lectura de La siciliana, que he cogido otra novela de la misma autora, la santanderina Concepción Revuelta: Días grises con cielo azul, dedicada a Inés, una mujer que luchó por alcanzar el sueño de ser maestra en los duros años de la posguerra española.
En este sentido me ha
recordado mucho a un libro precioso de María Montesinos, Un destino propio –que, junto a Una
pasión escrita y Un destino inevitable, forma parte de una trilogía sobre
mujeres que lucharon por ejercer su profesión a finales del siglo XIX-.
El libro se divide en tres
partes. La primera se inicia en 2017, cuando Julieta, tras abandonar su vida en
París, llega a Santander a casa de su tía abuela Inés Román, de noventa años.
Al llegar a su casa la encuentra enferma y acompañada de un desconocido anciano
y debe ser ingresada en el hospital. Es entonces cuando Inés decide contarle la
historia y los secretos de su vida, como había prometido a la abuela de Julieta
y revelarle la identidad del hombre que la acompaña desde hace seis meses.
A partir de ese momento la
novela se retrotrae a 1945, en Escalante, el pueblo natal de Inés, donde vive
con su padre, un hombre violento, conocido como el Tarugo, y sus dos hermanos Ignacio y Lisardo.
Cuando un día de borrachera
su padre fallece, Inés, por fin, puede abandonar el pueblo y mudarse a
Santander para hacer realidad su sueño y convertirse en maestra.
Instalada en una pensión,
regentada por Tina –junto con Consolación, otro importante personaje femenino
de esta historia-, Inés consigue matricularse en la Escuela Normal de Magisterio,
terminar sus estudios y ser destinada a Mogrovejo, un pequeño pueblo de la
comarca de Liébana, en los Picos de Europa.
En la segunda parte asistimos
a la vida de Inés en Mogrovejo, junto a sus vecinos y vecinas, Purificación,
Raquel o doña Irene; Roque, el veterinario del pueblo, del que se enamora, y su
hija Sara; y, como no podía ser de otro modo en esa época, don Ginés, el cura
del pueblo, que representa el omnímodo poder de la Iglesia y su intervención en
los asuntos del día a día, en una época en la que las mujeres eran educadas para
ser buenas madres y esposas.
Sin embargo, el destino va a
impedir el amor de Inés y Roque, porque este deberá exiliarse a Venezuela.
En la tercera y última parte,
veremos a Roque como dueño de la Hacienda La
Salud y a Inés uniéndose a las mujeres de Acción Católica. Pero la vida y
la mala suerte no dará tregua a ninguno de los dos, de ahí el título de la
novela.
Es verdad que es una historia
muy sencilla, pero engancha, y eso a pesar de conocer el final desde las
primeras páginas. Es además un libro que pone de relieve el amor de la autora
por su tierra y sus raíces, un canto a la belleza de los Picos de Europa y del
Cantábrico. No en vano la novela está salpicada de numerosos modismos
cántabros: cambera –camino de
carros-; acaldar –arreglar, poner orden-; tortas de borona; pitu –instrumento musical- o compango –el acompañamiento cárnico de la fabada asturiana-, por
citar solo algunos ejemplos.
Y por último, es una
historia con una importante moraleja, recogida en sus líneas finales: “cada uno debe gestionar su vida como
mejor le parezca, sin tener miedo a equivocarse, porque al final todos sufrimos
días grises aunque el cielo sea azul”, lo importante es arriesgarse a vivir y a
luchar por los sueños.
Ayyy con tu reseña sinceramente quiero tener el libro en mis manos para leerlo ya. 😂📖
ResponderEliminarClaro, una gran parte se desarrolla en tu país
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